Grasas trans: ¡muy malas!

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¿Creías que las grasas saturadas eran lo peor? Existen otras más perjudiciales. Se llaman “trans” y se esconden hasta en productos aparentemente sanos.

El consumo medio diario de grasas trans en Estados Unidos y Europa es de 5,5 g pero puede alcanzar hasta los 13 g diarios en determinados sectores de la población.

Eres una persona concienciada de la necesidad de una alimentación sana y ligera para mantener tu salud y figura. Así es que esta mañana has decidido desayunar un bol de leche desnatada con cereales integrales. Miras el etiquetado del paquete y te sientes segura: una ración (50 g aprox.) sólo tiene 200 calorías y 3 miserables gramos de grasas, ninguna de las cuales es saturada.
Pero se te acaba de pasar por alto un pequeño detalle. En efecto, en la etiqueta, las grasas saturadas vienen reflejadas como 0 g, pero justo debajo puedes leer: grasas trans: 1 g. Si no has dado importancia al dato es que quizá desconoces qué son exactamente estos lípidos que obturan las arterias y cuyo consumo regular (ni siquiera es necesario que abuses de ellos) duplica tus posibilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular. Y un dato aún más preocupante: la mayoría de los alimentos procesados contienen un porcentaje más elevado de grasas trans que de saturadas, ya de por sí bastante malas.


¿Qué son, exactamente,  las grasas trans?

♥ Son aceites vegetales líquidos que se convierten en sólidos a través de un proceso llamado hidrogenación.
♥ Se aplican, inevitablemente, a los aceites vegetales con los que se elabora la margarina, pues hoy por hoy no existe ninguna fuente natural de grasa vegetal sólida a temperatura ambiente.
♥ La hidrogenación permite, además, alargar la vida de estos aceites evitando que se enrancien. Esta es la razón por la cual las grasas trans se usan, por desgracia, en el 90 por ciento de los alimentos procesados que se comercializan: alargan la vida del producto y mejoran su sabor.
♥ Durante el proceso de hidrogenación se crea un isómero, llamado “trans”, que nuestro organismo es incapaz de asimilar y del que se derivan, según parece, todos los problemas de salud que la ingesta de dichas grasas conlleva.

Así te perjudican

♥ Aunque no se conocen todavía muchos de sus efectos negativos, la aparición de recientes estudios pone de manifiesto la necesidad de conocerlas y tomar estas grasas con muchísima precaución, si no de eliminarlas directamente.
♥ Uno de estos estudios demuestra que las grasas trans modifican la proporción de lipoproteínas en la sangre de forma desfavorable o, lo que es lo mismo, que aumentan el nivel del colesterol “malo” (LDL) en detrimento del colesterol “bueno” (HDL).
♥ Por otro lado, expertos de la FAO y la OMS han avisado del riesgo de aumento de enfermedades cardiovasculares en el mundo occidental, durante los próximos 10 años, por culpa del consumo indiscriminado de este tipo de grasas.
♥ Los ácidos grasos trans pueden inhibir las transformaciones de otros ácidos grasos esenciales que desempeñan un papel fundamental en el desarrollo y maduración del cerebro.
♥ A pesar de que las grasas saturadas no son muy beneficiosas para la salud, nuestro organismo las “reconoce” y las asimila sin problemas.
♥ No ocurre lo mismo con las grasas trans; nuestro organismo no las reconoce porque su estructura ha sido modificada, así que las acumula y, a la larga, acaban interfiriendo de forma muy perjudicial en nuestras reacciones metabólicas.
Además, según los expertos, las grasas trans se adhieren a las arterias mucho más rápido que cualquier otro tipo de grasas.
♥ Aunque hay estudios que relacionan el consumo de grasas trans con una mayor incidencia de tumores cancerosos, no se consideran, de momento, concluyentes.
♥ Uno de los principales problemas es que los efectos nocivos de las grasas trans se dan a largo plazo y los consumidores, sobre todo en Europa, aún no están muy concienciados de su peligro.
♥ La desinformación es tal –en parte por exceso y en parte por defecto-, que la mayoría de los consumidores siguen pensando que las grasas de origen vegetal, sean cuales sean –incluido aceite de palma, de coco…-, benefician la salud.

El enemigo en casa

 

  • El problema es que, excepto Dinamarca –que prohíbe la comercialización de cualquier producto cuyo contenido en grasas trans sea superior al 2%-, ningún país de la Unión Europea obliga a los fabricantes a incluir en el etiquetado de sus productos la cantidad de grasas trans que contienen, y que también pueden aparecer nombradas como “hidrogenadas” o “parcialmente hidrogenadas”.
  • Pero en Estados Unidos la FDA propuso que a partir del 2006 todas las etiquetas de productos alimentarios del país debían informar de la cantidad de grasas trans que contienen. Sin embargo, a los defensores de los consumidores les parece una medida insuficiente, y han lanzado una dura campaña pública para que la FDA prohíba totalmente el uso de estas grasas en la fabricación de alimentos.
  • De momento, y a falta de una legislación que regule el problema en nuestro país, lo mejor es reducir de manera voluntaria el consumo de estas grasas. Y para ello, no sólo conviene leerse con lupa el etiquetado de los productos que compras habitualmente y de memorizar la lista de alimentos que te daremos a continuación; también debes apuntarte a los métodos de cocción más saludables. ¿Sabías que en tu propia cocina puedes estar creando grasas trans? Es lo que ocurre cuando no se tienen en cuenta estas medidas:

 

  • Utilizas para freír aceites vegetales (como el de girasol) y los sometes a altas temperaturas transformándose así en trans.
  • Fríes con aceite de oliva (el más adecuado), pero lo calientas a temperaturas superiores a los 180º; los efectos son los mismos que si usas grasas vegetales.
  • Utilizas el mismo aceite para más de 3 o 4 frituras. No importa que sea de oliva o de girasol, hay que renovar el aceite para evitar la formación de ácidos grasos trans.
  • En cualquier caso, lo mejor es que recurras a la fritura de manera ocasional, y te acostumbres a cocinar tus alimentos a la plancha, al vapor, cocidos o al horno.

 

EL TOP TEN DE LAS TRANS

 

  • 1 ración de patatas fritas de bolsa: (150 g): 7 g de trans
  • 1 pastel de manzana industrial: 6 g de trans
  • 1 donuts: (y demás bollos envasados similares): 5-6 g de trans
  • 1 hamburguesa: 3 g de trans
  • 1 quesito: 2,5 g de trans
  • 1 magdalena: 2 g de trans
  • 2 galletas tipo María: 1,3 g de trans
  • 1 cucharada de margarina: 0,9 g de trans
  • 1 rebanada de pan de molde: 0,8 g de trans
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