NUTRICIÓN SANA

Post 15 junio2009
LA INSPIRACIÓN ESTÁ EN EL AIRE
¿A que huele en una cocina?.... aromas sutiles, perfumes culinarios de especias, hierbas, condimentos o los propios alimentos, con su propio carácter; que nos marcan ese personal sentido expresivo que cada hogar, cada rincón habitado por esa elaboración de elementos comestibles, nos trasporta a un mundo de recuerdos necesarios y vivencias de tiempos pasados o presentes que evocan bienestar y sosiego al vaho de “aquello que se cuece en casa”.
Al igual que el ciego desarrolla instintivamente una proyección superior del resto de sus otros sentidos válidos. Los amantes de la cocina regurgitamos notas olfativas de esa música celestial que la cocina nos inspira. Porque como tod@s sabemos; no olemos, ni vemos, ni oímos, ni tocamos, ni gustamos, si no es por nuestro cerebro y todas esas sensaciones que por él percibimos, nos embarga en un aprendizaje continuo hacía la depuración, la perfección de nuestro equilibrio con el universo de los sentidos.
No hay mejor relajante y bálsamo para el espíritu que la comida, pues a través de ella equilibramos los niveles de glucosa, alimento para nuestro cuerpo, nuestro espíritu y nuestra inspiración. Esa primera toma de contacto a través de los efluvios, esa preparación hacía la degustación de una buena comida o cena, empieza por la percepción de “que bien huele esto”.
Al igual que un músico educa su oído, un@ buen@ cociner@, que se precie, educa su olfato, hasta el punto en que percibimos si este guiso o aquel, nos huele a soso, o a salado, o bien distinguimos perfectamente el olor de un vino, antes y después de oxigenarlo, sin necesidad de ser un experto somelier.
Pero no todo lo que nos llega por el aire, es armonía, buenas vibraciones o sensaciones placenteras. Nuestros enemigos que no vemos, que atacan nuestras propias células, usando todo el proceso metabólico de nuestro organismo para implantar su propia identidad genética y reproducirse, no solo merma nuestro sentido del olfato, si no que se inspiran en el aire, para despojarnos incluso de la vida. Virus agresivos que debemos mantener a raya para seguir disfrutando de esa capacidad humana de oler primero y degustar después los placeres de los alimentos. Por suerte, si nuestro interferón en la carrera hacía la célula llega con ventaja antes que esos temidos virus, estaremos en disposición de ganar la batalla y seguir inspirándonos en el aire, ayudémosle pues con vitamina A, C, unas buenas dosis de zinc, magnesio y de ácidos grasos esenciales.
Por cierto, alguien puede decirme ¿a que huele el miedo, el dolor, la felicidad o el amor?
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Post 28 mayo 2009
LA FUERZA DEL FUEGO
Dicen los expertos que para la elaboración de una buena paella valenciana, ésta ha de hacerse, con la combustión de madera de naranjo. ¿Notaríamos el sabor? o ¿sabríamos apreciar realmente si se ha usado una u otra fuente de calor? El caso es que el fuego que nuestros parientes ancestrales empezaron a utilizar para cocinar los alimentos, se ha ido transformando como energía a lo largo de los ciclos de la humanidad en multitud de formas de uso y maneras con los recursos que la industria relacionada con la cocina así nos ha ido deparando.
Aromas, sabores, sensaciones, toda una serie de entradas armónicas de complejos mensajes sensoriales hacen que los receptores de nuestro cerebro relacionados con la ingesta y palatabilidad de los alimentos, nos nutran y a la vez nos proporcionen el “inmenso placer de comer”.
El fuego fue descubierto no solo para dotar de seguridad y confort en esos espacios humanos en los que el hombre evolucionaba como ser superior, si no que además, fue precisamente el fuego lo que permitió a la humanidad desarrollar mucho más su cerebro. Las proteínas y grasas de la carne y el pescado cocinadas aumentaron no solo su capacidad para cazar y posteriormente pescar, además fueron el detonante de la inteligencia humana. Alimentándose los primeros homínidos tan solo con frutas, hojas y algunos vegetales, su aparato digestivo no podía admitir trozos de carne sin masticar, por lo que la evolución nos fue dotando de una dentadura y una mandíbula apropiadas para así digerir correctamente las nuevas fórmulas de alimentación. A medida del mejor aprovechamiento de los nutrientes gracias al fuego, nuestro cerebro ha seguido evolucionando a velocidades de vértigo, con respecto a la evolución de otras especies en cuanto a nuestra inteligencia, como “supuestos seres superiores”, y nuestra adaptación nos reporta hoy día seguir investigando para dominar esa majestuosa fuente de calor en la naturaleza.
Asar, cocer, freír, tostar, confitar, brasear, saltear, escalfar, estofar, glasear, gratinar, etc. cocinemos con una parrilla o barbacoa, al vapor, ahumando, o incluso con hidrógeno líquido a temperaturas extremas por debajo de cero grados, al fin y al cabo el frío aún siendo extremo, no es si no la ausencia de calor. Sea de la forma que sea, la energía calorífica y la forma en que la adaptemos en nuestras cocinas, se transforman cuan mágico elemento natural a partir de ese primer fuego que en la noche de los tiempos alguien descubrió para el bien de la humanidad. Pues como tod@s sabemos; el hombre es el único animal que utiliza el fuego para cocinar.
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Post 28 mayo 2009 20.20
M987 (email)
"Sí, e scierto, somos los únicos en usar fuego. Aunque nos quememos !!!"
Post 02 junio 2009 19.15
M987 (email)
Y se me olvidaba, y dicen que el mono. Pero con esto d ela svitros, es fuego? A mí me da pena el haberme quitado esos antiguos fogones"
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Post 22 mayo 2009
NUESTRA MADRE TIERRA
Desde tiempos remotos y en las que el hombre tenía que luchar por su subsistencia, en un mundo prehistórico donde la rivalidad con seres mas adaptados al medio, hacía que, nuestros antepasados se vieran en la necesidad de desarrollar técnicas de búsqueda, elaboración y conservación de los alimentos.
A partir del florecimiento de las primeras técnicas de cultivo, y el consi-guiente abandono del nomadismo, la humanidad desarrolló una forma de vida basada en sociedades, se descubrieron entonces gran parte de las posibilidades que el cultivo de los campos nos proporciona hoy en día.
Con la necesidad por parte del hombre de hoy, de multiplicar la productividad por dos, por tres, e incluso a veces mas, de los rendimientos de nues-tras cosechas, se desarrollan métodos de abonado a base de; nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y azufre. ¿Pero donde está el magnesio? Asegurándonos por parte de algunos expertos que este elemento se encuentra de forma abundante en todos los terrenos y además añadido a “nuestra madre tierra” con los estiércoles. Realmente el uso de este elemento químico fundamental, está prácticamente olvidado en dichos abonados y según análisis recientes a media asta o inexistente en muchas zonas.
Nuestra salud depende fundamentalmente de la química de nuestro cuerpo, y está supeditada en gran parte a la alimentación que tomamos, además de a la herencia, y al medio ambiente, y por su puesto a como están los te-rrenos donde crecen nuestros cultivos.
La ración de magnesio en el hombre moderno ha disminuido considerablemente. El aumento extraordinario de artrosis, reumatismos, problemas en el tejido conjuntivo, y otras enfermedades o deficiencias adyacentes, nos hace pensar, que a pesar de que estamos mejor alimentados que nunca, enfermedades como gripes, resfriados, bronquitis, etc, así como ciertas pestes en el ganado, nos amenazan todos los años, demostrando nuestra pro-funda vulnerabilidad a la subsistencia sin algunas carencias nutricionales de los tiempos de ahora.
¡Sirva un dato interesante!.... en las zonas de “nuestra madre tierra” donde el suelo es aún rico en magnesio, se detectan tan solo cinco casos de cáncer por cada diez mil habitantes, siendo de entre veinte a treinta los casos en los suelos pobres en este elemento.
Innumerables procesos metabólicos y corporales tienen como responsable este elemento químico, porque en realidad nuestro cuerpo, nosotros todos “enteritos” desde que nacemos somos química, los componentes fundamentales de la materia viva es química, los alimentos que componen nuestra dieta tanto de origen vegetal como animal son complejas mezclas de compuestos químicos. A un ser humano le quitamos, el agua es decir oxígeno e hidrógeno que forma parte de aproximadamente el 60% de nuestro cuerpo; le quitamos el carbono, nitrógeno, sodio, potasio, calcio, fósforo, magnesio, hierro, azufre, cinc, cobre, manganeso, yodo, flúor, molibdeno, selenio, cloro y algún que otro mineral en cantidades ínfimas como cromo, cobalto, níquel, silicio, etc. ¿y sabéis lo que nos queda…?, nada amig@s, absolutamente nada.
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Post 22 mayo 2009 22.25
Carlos (email)
"¿Qué alimentos con magnesio aconsejas?"
Post 23 mayo 2009 00:25
Contesta Luis Higuera (email)
"La cantidad diaria recomendada, es de 300-350 mg., siendo las semillas las más ricas en magnesio como: cacao, frutos secos como: almendras, cacahuates, nueces, sésamo, altramuces, anacardos, pistachos, avellanas, pepitas de girasol, pues si Carlos, las pipas de girasol tienen aproximadamente 380 mg. de magnesio por cada 100 gr. Cuidado no obstante con su consumo, pues aunque son alimentos muy buenos no solo por su contenido en magnesio y otros elementos indispensables, que hacen sean muy nutritivos, son muy calóricos. 100 gr. aportan de promedio entre 500 y 600 calorías, por lo que su consumo ha de hacerse con cierta moderación. También son ricas en magnesio las legumbres como: judías blancas, lentejas, garbanzos, y además las hojas verdes de las hortalizas como: acelgas, espinacas, etc, además de los germinados por encontrarse este mineral en la clorofila."
Post 24 mayo 2009 21.27
Anaï 67 (Bilbao)
"A mí me dijeron que me faltaba magnesio en un análisis, y hala, a tomar pipas como una loca. Funciona"
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Post 9 mayo 2009
LA ARMONIA DEL AGUA
Todas las reacciones químicas que tienen lugar en nuestro organismo, como la digestión de los alimentos y metabolismo, han de realizarse en medio acuoso.
Se habla muy poco del agua en cocina, siendo éste el elemento base fundamental para la vida. Los tejidos animales y vegetales la contienen en proporciones mas o menos importantes según su naturaleza; así, por ejemplo, las frutas contienen entre un 75 y 85% de promedio, la carne y pescado un 70%, las hojas de los vegetales un 90%, los granos de los cereales el 13%. El 60% de nuestro peso corporal es agua.
Varios dispositivos actúan juntos para mantener el equilibrio del agua en nuestro cuerpo. Cuando necesitamos mas agua se ponen en marcha los mecanismos de la sed, se estimulan determinados centros nerviosos en la parte profunda de nuestro cerebro, provocando sensación de sed.
Cuando nuestro cuerpo tiene poco agua, la hipófisis (glándula situada en la base del cerebro) secreta una sustancia en el interior de la sangre llamada hormona antidiurética que estimula a los riñones para retener la mayor cantidad de agua posible. Mientras tanto el agua se desplaza automáticamente desde el gran depósito existente en las células hasta la sangre, a fin de mantener el flujo sanguíneo y la presión arterial, hasta reponer el agua mediante su consumo. Cuando contenemos exceso de agua, se suprime la sed, se produce muy poca cantidad de hormona antidiurética, permitiendo que los riñones excreten el exceso de agua en la orina.
Suero sanguíneo, saliva, lágrimas, jugos digestivos, orina, sudor, son todo un conjunto armónico perfecto de determinadas sustancias y sales en agua para el desarrollo de la vida.
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COMENTARIOS
Post 12 mayo 2009 13.25
Loka (email)
"Hola Luis. Bonito refelxión."
Post 16 mayo 14:12
Luis Higuera (email)
"Gracias por tu comentario"
Post 20 mayo 22:40
sil. (email)
"Pues lo que dices me anima a comer más verduras, porque lo que es agua, ni la pruebo. ¿Con verduras pòdemos sustituir el agua?"
Post 21 mayo 09:52
cocinillas (email)
No exactamente sustituirla, pero sí que contribuye. Si no bebes agua, toma más fruta, zumos naturales, infusiones, gazpachos, sopas...
Post 23 mayo 21:05
Contesta Luis Higuera
"Siempre es conveniente beber agua, aparte de tomar frutas y verduras a diario, ya sabemos que en invierno apetece poco, a parte de que nuestro cuerpo es sabio y nos va a reclamar los líquidos calientes. En ciertos casos, como cuando tenemos fiebre, alergias y problemas de litiasis renal, siempre será conveniente tomar bastante agua, aunque el cuerpo no nos la reclame. Un adulto necesita entre 2 y 3 litros de agua diarios; los alimentos proporcionan entre 1 litro y litro y medio de agua diarios, el resto nos la debe proporcionar las bebidas.
Cuando se comen alimentos muy concentrados, como por ejemplo mermeladas, el estómago los diluye muy rápidamente a razón de 100 g. de azúcar por litro de agua; entonces se tiene sed.
Haciendo mucho calor, conviene en primer lugar comer menos, especialmente proteínas, como carne, queso, etc., beber más líquidos y salar los alimentos, tendremos entonces mas necesidad de recuperar líquidos y evitar la deshidratación, además la exudación refresca y el sudor es salado."
C/Covarrubias,1
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